martes, 7 de septiembre de 2010

Desempleo en la Costa: un sube y baja


Jairo Parada . Economista y catedrático

Aunque al gobierno del presidente Álvaro Uribe no le fue muy bien en el comportamiento de la tasa de desempleo, la información referida a la Región Caribe registra resultados algo diferentes a las tendencias nacionales, que revelan que Uribe recibió al país con una tasa de desempleo del 15.5% en 2002, que descendió al 11.1% en 2007 y se elevó en forma decisiva –a raíz de la crisis financiera de 2008– a tasas del 13.7% en el primer trimestre de este año.

El patrón de crecimiento económico, sesgado hacia la inversión en capital físico debido a los incentivos fiscales, no permitió un descenso más profundo de la tasa de desempleo, como se observa en el resto de América Latina.

Sin embargo, para la Región Caribe los resultados fueron disímiles por departamentos. El Dane ofrece cifras hasta el 2007, de las que se destaca la disminución del desempleo en el Atlántico en forma sistemática hasta dicho año, pues en el 2002 registró una tasa del 15.1%, bajándola en 2007 al 12.1%. No pasa lo mismo con Bolívar, que inicia con un 11.1%, seguido de algunos descensos en los años siguientes, para regresar nuevamente al 11.5% en 2007. En ese mismo año, en Córdoba disminuye del 16.4% al 13.5%, mientras que en La Guajira el ascenso de la tasa de desempleo es preocupante pues pasa de un 8.3% en 2002 hasta alcanzar un 15.6% 5 años después. El departamento del Magdalena llega a la era Uribe con un desempleo del 11.4%, logrando algunas bajas significativas en los años siguientes para regresar a un 11.5%.

Mientras tanto, el deterioro del empleo en Sucre y Cesar son evidentes pues ambos inician en 2002 con tasas del 8.5% y 11.1%, respectivamente, y luego alcanzan el 12.2% y 13.9% en el 2007.


En los últimos dos años y medio, ciudades como Barranquilla y Santa Marta aparecen como capitales ganadoras pues la primera logra un descenso en sus tasas de desempleo del 10.4% al 9.5%, y la segunda sorprende con un 15,23% al 8.5%, lo cual revela claramente dinámicas de inversión en ambas áreas metropolitanas.

Caso contrario devela el panorama en Montería, donde el desempleo se disparó del 13.3% al 18.7%, mientras que en Sincelejo la tasa se mantiene entre el 10% y el 11%. Cartagena registra asimismo alzas en la tasa de desempleo pasando del 11.3% al 12.5%. Riohacha, en cambio, mantiene niveles promedios del 15% ó 16%, y en Valledupar la cifra aumenta del 11 al 13%. Lo anterior expone los impactos de la crisis del sector agropecuario en dichos departamentos por los problemas con Venezuela, mientras que aquellas áreas más orientadas a sectores de servicios, industria y turismo salen ganando. En síntesis, los resultados fueron favorables a unos departamentos y no muy buenos para aquellos menos industrializados u orientados a la minería.

Cecilia López Ex congresista liberal

En el gobierno del presidente Uribe, que ya termina, no puede reconocerse la existencia de una Agenda Caribe que responda por los problemas específicos de estos departamentos. Por ello, no debe sorprender que no se pueda identificar una verdadera transformación ni productiva ni social, sin negar que ciudades como Barranquilla, Santa Marta, Cartagena y probablemente algunas intermedias, mostraron avances. Sin duda, la bonanza económica que ya terminó ayudó a la región: más a unos departamentos que a otros, así como la seguridad llegó a distintas zonas y menos a otras. Por ejemplo, en Sucre y Córdoba, en donde esta política rescató zonas golpeadas por el conflicto, hoy hay paz pero no necesariamente el desarrollo que se esperaría.

Respecto al mercado laboral –uno de los grandes lunares del gobierno saliente– han sorprendido las tasas de desocupación de un solo dígito de Barranquilla, 7.6%; Santa Marta, 8.7% y Sincelejo, 9.1%, mientras que el promedio nacional es del 12%. Como siempre, Montería, con el 15.5% y Cartagena, 12.6%, superan la ya difícil situación laboral del país. Es posible que buenas gestiones locales como la de Barranquilla, que se ha comprometido en diversos proyectos, entre otras, expliquen más estos resultados que las políticas nacionales.

Al observar la situación del mercado laboral en la región entre 2003 y 2009, se identificó que el aumento de la ocupación no fue significativo –del 49.6% al 49.9%–. Además, la informalidad laboral continúa de manera preocupante, tanto en sus capitales como en los municipios. El drama laboral sigue siendo el subempleo que aumentó en ese periodo, en todos los departamentos del Caribe, con una excepción: Córdoba, que bajó del 41.4% al 40.2%. Sin embargo, tiene a su vez el penoso título de ser el tercer departamento con mayor informalidad del país.

No debe olvidarse la tarea pendiente: realizar una verdadera transformación productiva que identifique nuevas actividades en la industria, en los servicios y en el campo, que son la fuente para generar empleo. Lo malo del auge minero es que crea rentas y no el tipo de empleo que requieren los costeños y su tecnología no es transferible a otros sectores.

Los líderes políticos, económicos y sociales de esta región deben estar atentos al manejo económico, social y ambiental en el nuevo gobierno. Esta puede ser la oportunidad para que la Costa Caribe se vuelva un motor del crecimiento nacional y de la integración social o caiga en más problemas de los que ya se tienen. Para esto se requiere una dirigencia nacional y regional distinta, una política sana y unos empresarios que se comprometan con la equidad, la solidaridad y no sólo con dar limosnas a los más pobres, que son la mayoría.

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