Amylkar Acosta M.
COLOMBIA es el país de las desigualdades. Hace muchos años alguien afirmó que Colombia padecía de hemiplejía, afección esta que paraliza la mitad del cuerpo y no le faltaba razón dadas las grandes asimetrías que han caracterizado su desarrollo económico y social, a tal punto que se ha llegado a hablar de dos Colombias, la una que concentra sus avances y su progreso y la sumida en el atraso. Con su Plan de Desarrollo Para cerrar la brecha, el expresidente Alfonso López Michelsen se propuso reducir la brecha entre esas dos Colombias, acortar las distancias entre el campo y la ciudad, entre el agro y la industria. Treinta y dos años después lo que era una brecha se ha convertido en un abismo cada vez más profundo lo cual se ha traducido en un gran desajuste social.
Las cifras no mienten: las utilidades del sector financiero se multiplicaron por 7 en el transcurso de 7 años, al pasar de los $ 632.000 millones en 2002 a $ 4.4 billones en 2009. En contraste, durante este mismo lapso el salario mínimo sólo se incrementó 6%. Ello explica en gran medida que en el período 2002 - 2007 la participación de las empresas en el PIB pasara del 28.9% al 33.7%, casi 5 puntos, que representan US$ 14.000 millones; mientras tanto, entre el año 2003 y el 2008 la participación de los asalariados se redujo del 34.6% al 31.1%.
Colombia fue el único país de Latinoamérica que no pudo aprovechar el buen desempeño de la economía durante el quinquenio virtuoso, durante el cual la economía creció en promedio el 6%, muy superior al promedio histórico de los 10 años anteriores que fue del 4%, para reducir sus índices de pobreza. Y de contera, en lugar de mejorar la distribución del ingreso empeoró al pasar el coeficiente Gini de 0.56 a 0.59.
Claro que el campo fue el que llevó la peor parte: el sector agropecuario ha venido creciendo sistemáticamente por debajo de un tercio con respecto al crecimiento PIB total. Así, mientras el crecimiento consolidado de la economía entre 2004 y 2007 fue de 20.3%, el sector agropecuario a duras penas alcanzó el 6.88%. Ello explica el por qué los índices de pobreza y de necesidades básicas insatisfechas son notoriamente más elevados en el campo que en la ciudad.
Las cifras no mienten: las utilidades del sector financiero se multiplicaron por 7 en el transcurso de 7 años, al pasar de los $ 632.000 millones en 2002 a $ 4.4 billones en 2009. En contraste, durante este mismo lapso el salario mínimo sólo se incrementó 6%. Ello explica en gran medida que en el período 2002 - 2007 la participación de las empresas en el PIB pasara del 28.9% al 33.7%, casi 5 puntos, que representan US$ 14.000 millones; mientras tanto, entre el año 2003 y el 2008 la participación de los asalariados se redujo del 34.6% al 31.1%.
Colombia fue el único país de Latinoamérica que no pudo aprovechar el buen desempeño de la economía durante el quinquenio virtuoso, durante el cual la economía creció en promedio el 6%, muy superior al promedio histórico de los 10 años anteriores que fue del 4%, para reducir sus índices de pobreza. Y de contera, en lugar de mejorar la distribución del ingreso empeoró al pasar el coeficiente Gini de 0.56 a 0.59.
Claro que el campo fue el que llevó la peor parte: el sector agropecuario ha venido creciendo sistemáticamente por debajo de un tercio con respecto al crecimiento PIB total. Así, mientras el crecimiento consolidado de la economía entre 2004 y 2007 fue de 20.3%, el sector agropecuario a duras penas alcanzó el 6.88%. Ello explica el por qué los índices de pobreza y de necesidades básicas insatisfechas son notoriamente más elevados en el campo que en la ciudad.
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